Jueves , 27 noviembre 2014

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Las Chiapanecas

Las Chiapanecas

Fotos Chiapanecas: Miguel Castanedo

En Chiapas hay una hermosa composición musical de mucho ritmo y acompasamiento, y sumamente contagiosa que invita a utilizar las palmas en forma intermitente y alegre. Me refiero a “Las Chiapanecas”. Melodía popular de curiosa y anecdótica historia, que lo mismo se canta y se baila en Chiapas que en México, y más allá de sus fronteras. He aquí su historia:

a6ddcafb-a179-49ad-b191-44b99235544fEn 1918 se integró formalmente el Cuarteto Marimbístico de los Hermanos Gómez, mismo que estaba formado por los tuxtlecos: David Gómez Gutiérrez (El Califa), Arturo Gómez (El Gordo), Alvaro López (La Vaca) y Jesús Jiménez (El Chíquiris), dirigidos hábilmente por el primero.

La primera actuación del Cuarteto de los Hermanos Gómez, como grupo marimbístico profesional, tuvo lugar el 12 de octubre de 1918 en el antiguo Teatro del Estado, con motivo de la conmemoración de la Fiesta de la Raza. Lugar donde interpretaron magistralmente “Marina”, capricho musical del brillantisimo músico Julio Ituarte. Este grupo había venido actuando informalmente como Cuarteto Gómez desde 1911.

En 1920 se fueron a radicar a la ciudad de Tampico, Tamaulipas. En esta hermosa ciudad portuaria cosecharon muchos aplausos, éxitos y dinero. En uno de tantos conciertos que daban en teatros y centros nocturnos conocieron a don Miguel Lerdo de Tejada quien entusiasmado vivamente por la música de marimba los contrató para una gira teatral por los Estados Unidos de Norteamerica con la original caravana “Lerdo de Tejada”. El tournée duró un año, habiendo recorrido las principales ciudades gringas. El cuarteto de los hermanos Gómez regresa nuevamente a Tampico.

En 1924, en otra de sus presentaciones, los hermanos Gómez conocieron al músico, compositor y pianista Juan Arozamena Sánchez (1899 – 1926), quien al calor de las copas y de la música de marimba los invitó a que se unieran a la Compañía de Revistas de Lupe Rivas Cacho. Los hermanos Gómez aceptaron. El 24 de junio, día de San Juan, zarparon de Tampico a Veracruz y de esta ciudad a Mérida, Yucatán. Aquí hizo su debut, en el Teatro Progreso, el Cuarteto de los Hermanos Gómez. De Yucatán se fueron a la Habana, Cuba.

En el trayecto de Puerto Progreso a la Habana, en altamar, el joven Juan Arozamena, músico y bohemio, al escuchar la música de marimba, ejecutada con ágil maestría por los hermanos Gómez, embriagado por las voces canoras de las maderas que cantaban, el sofocante calor marino y los alcoholes ingeridos, compuso la letra y la música de la melodía Las Chiapanecas, que a la postre se convirtió en un verdadero concierto de la selva chiapaneca y en el segundo himno regional de Chiapas. Composición musical que fue incluida en la revista “Cosas de mi Tierra”, de la compañía de comedias y de zarzuelas, cuyo gerente era el propio Juan Arozamena, esposo de Lupita Rivas Cacho.

    Las Chiapanecas fue interpretada, por primera vez, por el Cuarteto de los Hermanos Gómez en el Teatro “Variedades Payret” de la Habana, Cuba, misma que fue cantada y bailada por Lupita Rivas y sus coristas. La melodía fue todo un éxito. Los atronadores aplausos no se hicieron esperar. Fue así como su compositor, don Juanito Arozamena, como se le conocía popularmente, se convirtió en uno de los hijos predilectos de Chiapas.

La gira teatral incluyó todas las Antillas. La caravana artística de Lupe Rivas continuó por toda España y Sudamérica, y los hermanos Gómez se regresaron a Tampico, donde permanecieron cinco años más.

De regreso, de Cuba a México, el Cuarteto los Hermanos Gómez ejecuta por primera vez en tierras mexicanas Las Chiapanecas, en el Teatro Progreso, de la ciudad de Mérida, Yucatán; después en Veracruz y, posteriormente, en el puerto de Tampico.

En 1930 los hermanos Gómez regresan a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. La prensa chiapaneca les da la más cordial de las bienvenidas. El 2 de diciembre del mismo año, hacen su debut en el Teatro Emilio Rabasa (antiguo Teatro del Estado), interpretando música clásica, folclórica y popular; sin faltar Las Chiapanecas que fue ejecutada magistralmente. Ellos la popularizaron en Cuba, en Veracruz, en Tampico y ahora en Chiapas. En este mismo año de 1930 surgió el bailable denominado La Chiapanequita, del músico y compositor Eduardo J. Selvas. Desafortunadamente no alcanzó el éxito de Las Chiapanecas.

En 1940 Mercedes Leal de Velasco de Laredo, Tamaulipas, compuso otra versión de Las Chiapanecas. Tampco figuró.

El éxito alcanzado por los hermanos Gómez en Chiapas se debió, en parte, a la melodía Las Chiapanecas, misma que traspasó las fronteras mexicanas.

Fue tanto el éxito de Las Chiapanecas que fue incluída en películas mexicanas:

  • Al son de la marimba (1940). Fernando Soler, Emilio Tuero, Marina Tamayo, Joaquín Pardavé, Sara García y la actriz chiapaneca Amanda del Llano (1920-1964).
  • La Mujer sin Lágrimas (1951). Libertad Lamarque, Marga López y Ernesto Alonso.

    Con estas películas los mexicanos tuvieron la oportunidad de escuchar la letra y la música de Las Chiapanecas.

En 1942, la bella, sensual y famosa bailarina venezolana Conchita Ramírez (Nana), después de su existosa presentación en los teatros de Broadway (Nueva York), decide hacer una intensa gira por Alaska: Islandia, Terranova las Aleutianas y Dutch Harbor. La escultural morenaza, reina del trópico sudamericano, bailó en toda su gira música afrocubana y particularmente rumba, conga y Las Chiapanecas.

Con el tiempo esta melodía se hizo del dominio público, olvidándose el nombre del autor de la letra y de la música, así como de la historia de su origen.

Letra Las Chiapanecas

Letra y música: Juan Arozamena

Soy de Chiapas, tierra linda,
donde todas las mujeres
son valientes y son bonitas,
y buenas pa’ los quereres.

Chiapas lindo, Tuxtla hermoso,
tierra santa de mi sueño;
tus mujeres son bien francas
y quieren con el corazón;
¡Si, señor!

Y si un mocito se acerca a mí
y muy quedito me dice así:
¡ Ay, chaparrita por tu querer,
daría la vida y corazón !

No, no me digas esas cosas;
soy modelo de esposa,
no me vengas a maloriar.

No, no me digas esas cosas;
soy modelo de esposa,
no me vengas a maloriar.

 

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